Se elige un bacalao de buena calidad, lo más blanco y jugoso posible.
Se desala poniéndolo en remojo en agua durante 24-36 horas y cambiando el agua varias veces.
Se escurre, se corta regularmente y se pone en una cazuela al fuego, cubierto de agua fría. En el momento de arrancar el hervor, se aparta y se deja entibiar en el caldo.
El bacalao así templado, se desmiga, limpiándolo de pieles y espinas y se va echando en un vaso de batidora (trituradora, robot, mortero, etc...)
Se comienza a batir, añadiéndole un chorrito de aceite y unas cucharadas del caldo en que se coció del bacalao, hasta formar una masa compacta y fina. Luego, se vierte en una cazuela y se trabaja con una cuchara de madera, a fuego muy lento, hasta incorporar la totalidad del aceite. A continuación se pone la nata, el zumo de limón, un pellizco de pimienta blanca y si fuera necesario se rectifica de sal. Debe quedar con una textura similar a la de un puré de patatas ligero.
Se sirve caliente, acompañada de tostadas o picatostes de pan frito restregados con ajo.